Cuando uno trabaja en un pueblo perdido en lo más profundo de la mancha manchega, rodeado de encinares y quejigales, con unos aceptables 40º a la sombra y solo posee un ordenador provisto de internet como revulsivo contra el desquicio, suele plantearse fundar un weblog. Así que declaro abierto mi blog para todos los que, a eso de las 6 de la tarde, no tienen nada mejor que hacer que perder su tiempo delante del ordenador.