Agradecido
Lo cierto es que estaba bastante agradecido a los actores de las películas porno, tan solícitos y dispuestos a esas horas intempestivas (o no). Entraban en danza con un solo clic, en posturas grecorromanas e inútiles piruetas de gran compañía. También estaba agradecido a la chica de la teletienda y a la bruja tiradora de cartas, ellas también estaban ahí despiertas compartiendo su condición de nocturno, sonámbulo y abofado-asofado.
La verdad es que, además, estaba muy en gracia con la tienda de chinos de la esquina, siempre abierta, siempre disponible y siempre con cerveza fría, gran invento los orientales pensó. Él y el gatoquestátristeyazul estaban en cierta consonancia y empatía, “qué delgado me dejaste”. Lo cierto es que tenía mucho y a muchos que agradecer, a todos…menos a ella.
